Murió mi celular. Se me cayó en el asfalto regresando de una fiesta y chupó faros. Puedo recibir llamadas pero no tengo manera de saber quién es. Estoy triste. Pasé tres años o más con su compañía constante, pero mañana me despido de él.
Mírenlo, eternamente ciego en su luminosidad... Casi como Borges. 
A pesar de esta desgracia, la Vida o una Fuerza Superior o la Casualidad me ha estado dando regalitos.
La otra noche fui a la Entrega de Premios Nacionales de Periodismo y me dieron ésto:

(El cubrebocas, no la foto, mensos.)
Qué chingón está. Te lo entregaban al entrar al Teatro de la Ciudad, junto con un poquito de líquido desinfectante.
[Sí, estoy indignadísima al saber que México es uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo; estoy emputadísima de que apenas hace unos días hayan asesinado a otro periodista; estoy enamorada de Denise Dresser por el rollo que lanzó justo al empezar la ceremonia de Premiación; pero ésas son otras historias y es demasiado madrugada para ahondar en ellas.]
El jueves fue mi despedida de prepa. Desgarradora, por supuesto. Organizamos los famosísimos "Ludovicos" (entrega de premios en mi escuela con categorías como "Oxxo abierto las 24 horas", para las mujeres de piernas... digo, mente más abierta; "Partido verde" (que ganó mi salón) y "Yo no choqué, me chocaron..."). Para la presentación bailé tango con el Oso. Preparamos nuestro baile desde la noche anterior, gracias a Youtube, que nos enseñó a ser Masters del Tango en prácticos videos de 4 minutos cada uno.
Después nos llevaron mariachis, me hicieron cantar (horrible) y nos trajeron industriales cantidades de paella, pastel y cerveza que consumimos con nuestros maestros. Yo lloré como estúpida todo el día mientras me despedía de mis profesores más queridos y de los compañeros y amigos que conozco desde 5° de primaria. Adiós, pequeña madriguera. Hola, mundo cruel y enorme.
Ayer hubo peda cuasi-masiva chez-moi para recaudar dinero con el fin de comprar el vestuario de una de las obras en las que estoy. A pesar de que el evento podría haber ganado el galardón de "Peor fiesta del año" (no había más que unas minúsculas bocinitas de ipod como sonido y el lugar estaba atascado de chamaquillos borrachos), el hecho es que juntamos casi lo que nos habíamos propuesto ganar, así que no todo fue tan malo. Además yo me la pasé decentemente, aunque siempre termino estresadísima cuando organizo pedas en mi casa.
[Extracto de conversación entre Martha y Adán cuando ella comenzó a estresarse:
Martha- Si X me quiere aún viéndome estresada, ya rifé... Nadie me quiere nunca cuando estoy estresada.
Adán- Es un poco difícil quererte cuando estás así, simplemente no dejas de moverte de un lado a otro.
Martha- Si X me quiere aún viéndome estresada, le voy a pedir que
se case conmigo.
Adán- Ajá.
(Ja, al final X sí me quiso y él fue el que me pidió que nos casáramos. Dah. Somos híper tetos.)]
En algún momento entraron a la fiesta una bola de malandras que al marcharse dejaron atrás a uno de los suyos: un chavito borrachísimo y deprimido que se tiró desmadejado sobre una silla porque sus amigos lo habían abandonado.
Martha- Oye, güey, ¿cómo te llamas?
Amigo sin Amigos- Grdrera... Enrique.
Martha- ¿Y tus amigos?
A.S.A.- ...
Martha-
(A todos) ¿Alguien conoce acá al Amigo sin Amigos, digo, Enrique?
Todos- No.
Martha- A ver, Quique, saca tu celular. ¿Cómo se llama tu papá?
A.S.A.- Enrique... graadghf... pero es que no tengo crédito... graarrg.
Martha-
(A un Amigo Ebrio Desconocido) Oye, Amigo Desconocido, préstame tu celular.
Amigo Ebrio Desconocido- Ah, sí, toma, sí, Amigo, no te malviajes, nosotros te queremos.
Martha-
(al teléfono) Hola, aquí está Enrique, está borracho y nadie lo conoce, ¿pueden pasar por él? Ajá, sí, la dirección es
tal. Ok, ciao.
(Al A.S.A) Ya viene tu primo por ti, Amigo sin Amigos, digo, Amigo con Primo, digo, Enrique. Bueno... ciao.
Al final llegaron sus dos padres, su primo (guapillo) y su hermana y se lo llevaron. Me cayó bien. Me despedí dándole un abrazo. Un nuevo amigo me dio la fiesta. Ja.
O no.
Lo que sí me dio la fiesta (o más bien, la gente borracha) fueron dos cosas, dos:
- Ésta funda de ipod que es chafita y cuyo aspecto recuerdo haber estado comentando con su dueño en algún momento de la noche. Lo único malo es que no recuerdo quién es su dueño. Mientras mi memoria hace un esfuerzo por recordarlo, la utilizaré yo. Je.

- Ésta obra de arte homofóbica tirada en mi patio (nótese el esfuerzo que una persona ebria tuvo que haber hecho para rellenar las letras P y O):

Chale. Si me quieren regalar algo, mejor dénme un beso, pero no esa mamada. Me revienta la palabra "puto" por el odio irracional que conlleva su uso, y me revienta de igual manera que a Muérete le falte acento y sólo haya un signo de exclamación. He dicho.
Otros regalos en la vida: Mi padre me compró la Antología Completa de Poemas de César Vallejo. Estoy muy contenta. (Se dieron cuenta de mi fluctuación de ánimo en los últimos párrafos? Jiji. Me acabo de quedar dormida sobre el teclado. Soy lo peor.
Acabo de llegar de ver al Señor galán a quien dirijo esta carta en un show. Pensé que no me había visto, pero sí. Ya se va. Me arrepentí un poco de no haber tenido nada con él. Ya será en uno o dos años, si la suerte, él y yo queremos. Adiós, Señor, hasta pronto la aventura.
Hoy fue, además, la última función de la obra en la que llevo casi 2 años. Dimos una excelente función, tuvimos lleno de público, pero la verdad es que fue bastante triste. Nos deseamos felicidad, suerte y éxito entre todos, nos prometimos seguir en contacto, nos juramos cariño eterno... En fin, lo que uno suele hacer en las despedidas.
Mi director me dio como regalo el honor de ser su Asistente de Dirección en una nueva obra. "Todo para no soltarte, condenada", me dijo y me abrazó.
Y ustedes, ¿de qué se despiden?
¿Qué regalos les da la vida?