lunes, 17 de marzo de 2008

El extraño síndrome de la Caída de la Tarde

Siento el estómago vacío y, al mismo tiempo, pesadísimo. No puedo comer. Eso, definitivamente, no es algo que me pase a menudo.
La probable razón de esto: Una posibilidad que se abre pequeña y apremiante para destrozarme la calma como bala al vientre. (¿Y si sí? Quiero tenerle cerca)
Otra: confirmar una casi intrascendente tragedia personal que, sin embargo, casi me hace vomitar al oírla. (Ya es de ella)
Odio enamorarme. Tanto. De tantos.

Estoy ya de "vacaciones", después de dos estresantes semanas de exámenes que me permiten concluir:
a) Odio Orientación Educativa. Estuve a punto de reprobar. De nuevo.
b) Debería considerar ser matemática.
c) Debería dormir más. Tres horas al día no bastan.
d) Tengo que comprar todos los discos de Paté de Fuá. No puedo dejar de escuchar sus canciones en el maispeis.
e) Debo aprender a tocar el bajo (sin albur). Y a bailar (tango).
f) Me muero por ver una obra de teatro.

Me siento extraña (más que de costumbre). De repente ajena, lejana a mí. De pronto dolorosa, con cercanía de lija. No puedo concentrarme. No puedo leer. No quiero ver televisión. Afuera hay mucho viento. Estoy intentando escribir algo coherente; ayer podía, hoy no.

Necesito conseguir alguien que me rapte y me lleve a deambular a Coyoacán para sentir liviano de nuevo el corazón.

Perdonen esta entrada. No me siento bien hoy.

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