Estimado Forastero:
¿Qué me traes hoy, amigo,
peligroso predador?
¿Qué sencillo presente
darás mañana a esta presa ingenua?
Me ofreces tu lluvia trasnochada,
la que aún sabe a mármol
y a letreros de neón
encendidos en noches cálidas.
Me ha aterrorizado siempre
beber de manos ajenas,
ligeras e impredecibles
como el agua de lluvia/
sin embargo,
ambiciono la esencia
de las flores discretas
y el verde perfume de la hierba contra la piel;
ahora el peligro fragua tu aroma a hierba cocida
y el peligro pone mis palabras a flor de piel.
Existen pétalos color melancolía/
y tú arrojas puñados de jacarandas
como faldas de muchachas frescas
olvidadas sobre la vereda.
Yo lo sé,
tú sabes,
los dos somos
dos fieras sabias
actuando como idiotas/
y no necesitas antídoto para mi mordedura.
Caen ante mi veneno
apenas algunas bestias mansas.
No cargo nada
que pueda desgarrarte
las lejanas cicatrices.
Y si tus manos me trezaran
con pasionarias el cabello,
y tus dedos de cenizas
me plasmaran su marca humeante,
y si tus espejos se cristalizaran
en la pura vanidad de mis ojos,
en mi altanera y tierna lengua,
¿quedaría grabada sobre ti
la mínima evidencia
de esta cacería?
¿Alguna parte de mi carne apenas ofendida
pasaría a ocupar parte de tus fibras?
Ah. Lo sospechaba.
Todavía no estoy preparada para resistir tus espinas.
Y el agua de lluvia no sabe lavar heridas.
Tuya,
Martha
whoa watch it
Hace 10 horas


1 penitentes cerebrales:
bien
y
bien
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