domingo 26 de abril de 2009

Cadena Alimenticia

Estimado Forastero:

¿Qué me traes hoy, amigo,
peligroso predador?
¿Qué sencillo presente
darás mañana a esta presa ingenua?

Me ofreces tu lluvia trasnochada,
la que aún sabe a mármol
y a letreros de neón
encendidos en noches cálidas.

Me ha aterrorizado siempre
beber de manos ajenas,
ligeras e impredecibles
como el agua de lluvia/

sin embargo,
ambiciono la esencia
de las flores discretas
y el verde perfume de la hierba contra la piel;

ahora el peligro fragua tu aroma a hierba cocida
y el peligro pone mis palabras a flor de piel.

Existen pétalos color melancolía/
y tú arrojas puñados de jacarandas
como faldas de muchachas frescas
olvidadas sobre la vereda.

Yo lo sé,
tú sabes,
los dos somos
dos fieras sabias
actuando como idiotas/

y no necesitas antídoto para mi mordedura.
Caen ante mi veneno
apenas algunas bestias mansas.
No cargo nada
que pueda desgarrarte
las lejanas cicatrices.

Y si tus manos me trezaran
con pasionarias el cabello,
y tus dedos de cenizas
me plasmaran su marca humeante,
y si tus espejos se cristalizaran
en la pura vanidad de mis ojos,
en mi altanera y tierna lengua,

¿quedaría grabada sobre ti
la mínima evidencia
de esta cacería?
¿Alguna parte de mi carne apenas ofendida
pasaría a ocupar parte de tus fibras?

Ah. Lo sospechaba.

Todavía no estoy preparada para resistir tus espinas.
Y el agua de lluvia no sabe lavar heridas.

Tuya,
Martha